“Nosotros los dioses sabemos que muchas semillas germinan cuando sus plantadores ya no viven para verlas crecer. Los individuos mueren y, sin embargo la muerte no se alza vencedora.” Irene Vallejo Creo que una de las herencias más bonitas que las personas dejan en nosotros son aquellos actos sutiles que marcan y se vuelven eje de nuestra vida y hoy quiero compartirles dos grandes tesoros que mi papá me dejó como herencia y que son semillas que han ido floreciendo en mí y son: la forma en que me enseñó a mirar y gozar esta ciudad y la pasión con que emprendía cada uno de sus proyectos. Mi amor por Cuernavaca surgió en las tardes de infancia, cuando mi papá pasaba por nosotros al negocio de mi mamá antes de las 6 de la tarde para llevarnos a hacer honores a la bandera en Plaza de Armas con los soldados, en esas noches donde estábamos aburridas y nos llevaba al kiosko para tomar un jugo de alfafa y piña o comer un elote mientras escuchábamos a la banda de gobiern...
Este año mis ánimos cumpleañeros están un poco a la baja, las sensaciones que reinan mi 2025 son el deseo de sentirme en paz, sin prisa y la contemplación para estar presente. Para este cumpleaños los deseos materiales son pocos y los de festejo se resumen en hacer y disfrutar de las actividades/cosas que por el momento me gustan o me regalan instantes de felicidad y que las personas queridas se puedan sumar a la que más se les antoje o les acomode, sin presiones. También estoy abierta a que puedan proponer sus propias maneras de festejarme. PROGRAMA DE FESTEJOS CUMPLEAÑEROS El primer gran cambio es que por primera vez en muchos años decidí no trabajar ese día y dedicarme la mañana para mí, un poco en soledad, pero a partir de la hora de la comida deseo compartir el cumpleaños comiendo pasta, que es lo que más me gusta, en mi lugar favorito, el ES3. Después quiero ir a la presentación del libro de Lety, mi amiga y compañera de taller de escritura, en el Jardín Borda y para cerrar ...
El lunar que escolta tu boca recorre sin descanso el carrete de imágenes en mi memoria. El eco de tu sonrisa y el timbre de tu voz, al pronunciar “amor”, irrumpen en mis días como una oleada inevitable. A veces evoco la tibieza de tus labios sobre mi piel, aunque también admito que la vida sin ti transcurre con una calma nueva. No lo digo con reproche ni con negación: abrazo lo que sentí y lo que aún siento. Todavía no he aprendido a conjugar el verbo sentir en un tiempo perfecto, porque hay días en los que todavía te quiero y otros en los que esa emoción se apaga, como un suspiro perdido en la noche. Me quedan preguntas, muchas, como siempre… pero sé que es mejor quedarse con la duda...
conciencia! en que quedamos eh!!! animo!
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